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Natsu/Fuyu

Era una gran coincidencia que justo ahora él estaba pensando en ella. Ni si quiera sabía su nombre, pero por tres años consecutivos, había asistido a la Comiket y comprado el manga del joven dōjinshi Natsu Obata. Ella era la única persona constante. Y ahora ahí estaba, caminando en una calle solitaria de Tokyo justo en su dirección. Por un momento, Natsu contempló el moverse del otro lado de la acera antes de que pudieran hacer contacto visual, pero antes de decidirse era demasiado tarde; la chica ya había levantado la vista de su celular y el contacto visual era un hecho. Sus ojos se iluminaron y apresuró el paso. Natsu, un tanto desconcertado y sin saber cómo actuar, dejó de caminar y en lugar esperó a que ella lo alcanzara. Una vez frente de él, hizo una rápida reverencia y saludó:

-¡Qué gusto encontrarte, Obata-sensei!

La energética y fuerte voz lo estremeció un poco, pero logrando recuperarse, respondió:

-¡Igualmente! Nunca había tenido el gusto de hablar contigo…

– Fuyu Iki, ¡Mucho gusto!

Volvió a hacer una rápida reverencia y sonrió ampliamente. Tenía una cara radiante, una sonrisa tan amplia que mostraba todos sus dientes. Se mecía vivaz sobre sí misma, vestida con un abrigo verde y una bufanda rosa. Su cabello castaño era corto, apenas tocaba sus hombros. Natsu recordaba haberla visto con cabello más largo en la convención de hace unos meses, pero supuso que pudo haberse fijado mal o ella pudo habérselo cortado. De cualquier modo, pensaba que se veía mejor así.  

¿Qué haces caminando por aquí, Obata-sensei?

Natsu de pronto se dio cuenta de cómo no había hablado por unos instantes. Un poco avergonzado, trató de componerse:

-Oh, solo venía a una cafetería a un par de calles de aquí –retomó la calma, suspiró-Usualmente encuentro inspiración allá

-¿En serio? –Exclamó Fuyu, emocionada- ¿Puedo ir contigo? ¡Me encantaría ver qué clase de lugar es donde tomas inspiración, sensei!

Natsu asintió y comenzaron a caminar juntos. Fuyu mencionó que disfrutaba de caminar por las calles menos transitadas de la ciudad los sábados por la tarde, pero era la primera vez que pasaba por aquella calle. “Eso explica por qué no me la había encontrado antes” pensó Natsu. Ahora Fuyu le contaba animadamente las distintas calles de las que había disfrutado más durante sus caminatas. Nerviosamente, Natsu pensaba en Fuyu y en sus correos afectivos donde lo animaba a continuar su trabajo, inspirándolo a seguir en el camino del mangaka, a pesar de que ninguno de sus trabajos en los últimos tres años había despegado.  La mayoría de los otros correos que recibía eran de personas que criticaban sus dibujos, sus historias, sus personajes… Pero no los de Fuyu. Los suyos solo le recordaban lo mucho que había disfrutado su trabajo y que esperaba con ansías el siguiente. Y ahora, la persona que más le animaba y convencía de no rendirse en sus historias caminaba junto a él, sonriente y conversando. Parecía un sueño, no se decidía en qué sentir.

-Obata-sensei, ¿esta es la cafetería que te inspira?

Interrumpiendo sus pensamientos repentinamente, se dio cuenta que había seguido caminando durante unos pasos y que Fuyu se había detenido. Mirando a Fuyu y después al local frente a ella, se dio cuenta de que habían llegado a la cafetería y ni siquiera se había dado cuenta. Se sonrojó; Fuyu soltó una risilla.

-Hay, sensei. De seguro ya estás pensando en tu próximo trabajo.

Sonrío tan cálidamente que Natsu solo pudo sonrojarse más. Fuyu fingió no notarlo y entró en la cafetería.

Se acomodaron en los sillones de una mesa el uno frente al otro. Natsu pidió lo usual; un capuchino de vainilla francesa. Fuyu ordenó lo mismo a la mesera:

-Yo también quiero eso, ¡tal vez me inspire yo también!

Sonrío a la mesera y esta, aunque visiblemente confundida, le devolvió la sonrisa y se fue con su pedido. El corazón de Natsu dio un vuelco. “¿De qué voy a hablar ahora? No puedo estar sentado frente a ella y esperar que ella hable para siempre” Escaneó rápidamente algunos temas de conversación, “Podríamos hablar de historias o mangas”. Meditó sobre sus propias historias un momento; ella podría ser la persona que más las entendería. Después de todo, ella era la única persona constante que compraba su trabajo. Ella lo entendería seguro, podría ser la única persona que pudiera conocer que compartía su gusto por las historias y la forma de contralas que él mismo ayudaba a promover en sus mangas. Emocionado, volvió la vista hacia Fuyu. La chica lo estaba mirando pacientemente, dándose cuenta de su meditación interna. Natsu volvió a sonrojarse, pero tratando de dominarse, mustió lo menos que podía expresar en ese momento:

-¡Muchas gracias por apoyar mi obra por estos años!

Fuyu sonrió, visiblemente emocionada.

-¡No estaba segura si me habías reconocido, sensei! Me alegra muchísimo.

Se llevó las manos al pecho y bajó la vista, conmovida, por un momento. Después continuó:

-Gracias a ti, Obata-sensei. Tu manga es muy especial para mí.

Sumamente conmovido, Natsu miró por la ventana para evadir sus ojos. Una vez recuperado el temple volvió a hacer contacto visual con Fuyu. Ella lo miraba con una sonrisa tranquila, esperando a que él reiniciara la conversación.

-Dime, ¿qué es lo que más te gusta de mi manga? –logró articular Natsu

-Oh, estaba esperando a que me preguntaras eso –volvía a estar emocionada

Natsu creía saber ya la respuesta. Por haber seguido su trabajo tanto tiempo, debía de haberse dado cuenta del fino trabajo y perfeccionismo que ponía en sus historias, lo mucho que se esforzaba para mantener la trama realista y aterrizada, que nada pareciera fuera de lugar y que tuviera una conclusión satisfactoria al conflicto. Podía hablarle de eso todo el día y de las historias que más le gustaban e inspiraban. Antes de que ella respondiera, sus bebidas ya habían llegado. Natsu bebió inmediatamente, pero Fuyu esperó a que se enfriara más.

-Lo que más me gusta son tus dibujos y tus personajes.

La sonrisa de Fuyu y sus palabras lo dejaron atónito. ¿Los dibujos que había hecho apresuradamente para poder terminarlos cuanto antes? ¿Los personajes que solo le parecían como un medio para un fin? Inconsciente de la sorpresa de Natsu, Fuyu continuó:

-Me encantan tus dibujos sensei, pueden no ser muy buenos comparados con los mangas populares, ¡pero los tuyos son tan reales! ¡Su personalidad puede verse tan solo con su apariencia y el modo en que los dibujas!

“Eso les afecta también a los personajes; ¡todos son tan comprensibles y reales! Son sensibles y siempre dicen lo que piensan. Creo que eso es muy importante en las personas y en eso, tu obra es excelente, sensei. Realmente pensé que nadie podría entenderme así, pero tú lo haces de maravilla, Obata-sensei”

Natsu escuchó y reflexionó mientras Fuyu le platicaba sobre los distintos personajes que había creado. Nunca había pensado en el modo en que presentaba a sus personajes. Siempre le había parecido natural lo sensibles y honestos que eran, pero solo ahora se daba cuenta que lo hacía porque él mismo era así. Le parecía normal, así que no se fijaba en eso. Sus dibujos apresurados también mostraban sus diferentes personalidades, pero le gustaba dibujarlos de manera que, si uno era desordenado, el lector podría saberlo con solo ver su uniforme escolar arrugado y desarreglado. Eso satisfacía a Natsu, pero nunca se imaginó que alguien se fijara en esos detalles.

La tarde pasó y Natsu y Fuyu compartieron el proceso del primero para su dibujo, sus personajes y un poco de la historia de su obra y otras en general. Natsu se había recuperado, se había dado cuenta que su forma honesta de ser y la de sus personajes estaba presente en Fuyu. Cuando salieron juntos de la cafetería siguieron caminando y conversando. Entrada la noche, Natsu acompaño a Fuyu a la estación del metro.

-Muchas gracias, Obata-sensei, me divertí mucho hoy –dijo, con una gran sonrisa.

-Puedes llamarme Nastu, Iki-san.

-Entonces tú puedes llamarme Fuyu, Natsu-san.

Rieron juntos.

-Entonces… Nos vemos el próximo sábado, Natsu-san.

Abordo al metro que acababa de llegar. Natsu se acercó un poco al vagón, sin entrar.

-Hasta la próxima semana, Fuyu-san.

Se sonrieron, las puertas se cerraron, el metro se marchó. Natsu salió al exterior y se dirigió a casa. Se le había ocurrido una nueva idea para un manga nuevo.

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