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Pueblo de malditos

Pueblo de malditos

El teléfono sonaba insistente dentro de mi casa, yo, fuera de ella, no podía salir de la piscina abandonando a mi hijo que le estaba enseñando a nadar. Mi mujer aun no llegaba de comprar en el supermercado, así que me estaba poniendo nervioso por no poder contestar, aunque debía de haber hecho caso a mi mujer y a ver apagado el teléfono, sus palabras seguían resonando en mi cabeza; «Cariño, si estas de vacaciones, estas de vacaciones, apágalo y seremos felices aunque solo sea por un mes completo».

Tenía toda la razón y debía haberlo hecho pero pudo más mi sentido del trabajo, de ser responsable, de estar pendiente de mi jefe y lo deje encendido, en fin….que ahí seguía escuchándolo sonar y yo sin poder ir. La salvación se presentó al oír la voz de mi mujer.

— ¡Cariño….ya estoy en casa!

— Coge el teléfono amor, está sonando hace rato.

— ¿Así es como me recibes?, que tal un…. «Hola amor yo te extrañe también, o yo también te quiero….o….

— ¡Quieres coger el teléfono puede ser importante!

A regañadientes me hizo caso y llego tarde, había dejado de sonar, yo, ya salía de la piscina sacando a mi hijo, ella me dio mi teléfono sin decirme nada más mientras cogía a mi hijo en brazos y se iba hacia dentro de la casa.

Observe en la pantalla de mi móvil, que era mi jefe el que me estaba llamando, él sabía que hoy comenzaba mis vacaciones pero si insistía era por algo importante.

Mi trabajo podía ser muy duro, arriesgaba mi vida por los demás, debía de viajar mucho y estar días fuera, también no debía engañarme y reconocer que yo prácticamente lo había convertido en una obsesión, la protección privada nos hacía a mí y a mi familia vivir muy holgadamente pero la lejanía que tenía que tener, estaba haciendo mella en mi matrimonio, mis hijos, apenas tenían padre, tenía dos, una niña de 10 y el pequeño con 4 años que ni siquiera pude verlo nacer. Le di a rellamada….

    Siento molestarte Leo, son tus vacaciones y lo entiendo, pero necesito que me hagas un favor.

    No se preocupe señor, dígame que le pasa y procurare hacer bien mi trabajo.

    Eso es bueno, muy bueno, eres el mejor agente que tengo.

    Dígame señor, ¿a qué país me va a mandar ahora?

    No, a ninguno, esta vez es algo más sencillo, te quedas en España, acabo de adquirir una propiedad en Errenteria y quiero que vayas a ella. La revises tanto por fuera como por dentro y te dirigirás a una dirección que te voy a indicar para que le digas que comience con la nueva construcción del hotel. Te voy a mandar todos los datos a tu teléfono y así no tendrás problemas de llegar.

— Vale, entendido, ¿entonces esta vez no habrá nada raro?

— No, no, todo bien y sin problemas.

— Bien, ¿puedo llevar a mi familia?, porque cuando se entere mi mujer pondrá el grito en el cielo.

— Por supuesto, haz lo que creas conveniente, te aseguro que esta vez no habrá nada fuera de lo común.

— Perfecto, gracias jefe.

— De nada, ya me iras informando.

Colgué la comunicación y suspire profundamente, ahora solo me queda convencer a mi mujer de ir  a…. ¿Errenteria?…. ¿dónde demonios estaba ese lugar?

Había viajado por muchos lugares en el mundo y ahora me decían un nombre en mi propio país y ni siquiera lo conocía. Mientras caminaba hacia la casa mire en internet todo lo que podía encontrar de ese lugar.

Mi visión fue rápida: Noble y muy leal villa de Rentería (en euskera: «Errenteria» u «Orereta» y oficialmente «Errenteria») es un municipio situado en Guipúzcoa, España. Pertenece a la comarca de San Sebastián. Celebra sus fiestas en honor a Santa María Magdalena (22 de julio). Estas comienzan el 21 de julio a las 7 de la tarde, momento en el que se lanza el “chupinazo” desde el Balcón de la Casa Consistorial, y duran hasta el 25 de julio a las 12 de noche, momento en que se vuelve a oír por última vez “El Centenario”.

Hoy era 22 de Julio, por ahí le iba a entrar a mi mujer, a ella le gustaba todas las fiestas que pudiera conocer y esta nunca la habíamos visto por qué pensándolo bien nunca había ido a la zona norte de España. No en época de vacaciones que eran muy reducidas.

    ¿Cariño?, tengo una sorpresa—. La vi en la cocina colocando la comida que acababa de comprar.

    ¿A qué adivino cuál es?—. Me sonrió sarcástica—. – Te vas a la otra parte del planeta tierra a ayudar a proteger a alguien que no conoces y que están en peligro de muerte por motivos políticos.

    No, mujer, no es eso, hemos tenido más suerte esta vez.

— ¿Así?, lo dudo mucho, tu siempre…. —. Me acerque a ella abrazándola.

    Cariño, esta vez es de verdad, me han encargado ir a un pueblo del País Vasco, nada de riesgos, solo es ir allí, mirar unas cositas y ya está, además, observa….—. Le ofrecí mi móvil—. – Justo están en su fiesta mayor, podemos ir hacer el encargo y disfrutar de una fiesta y un lugar que no conocemos.

— Está bien, no sé cómo lo consigues pero siempre acabas liándome.

— Bueno, tú eres un poco facilona y siempre caes a mis encantos—. Ella me dio un leve golpe en el hombro—. – ¡Venga…! prepara las maletas que yo acabare de colocar la compra, saldremos mañana a primera hora.

    Vale.

A la mañana siguiente nos esperaban cuatro horas y media de camino según la información que me había dicho el GPS de mi coche. Salir de Madrid era insufrible y aunque nos habíamos levantado temprano al ir parando por el camino por mis hijos llegamos a tardar una hora más.

Nuestra llegada fue a la hora de comer, el pueblo parecía desierto a pesar de estar en fiestas, supusimos que estaban o bien descansando para la noche o estaban reunidos en algún lugar.

Yo me dirigí a las coordenadas que mi jefe me había indicado y al llegar vimos el sitio con cara de asombro, era un…. ¿convento?, ¿un monasterio? Aparque cerca de la entrada y bajamos a observar la edificación.

Mi mujer se quedó tan muda como yo observando el lugar, me pregunto para que quería mi jefe esto y la verdad era una cuestión que a mí me importaba poco, yo tan solo iba a hacer mi trabajo y listo. Le dije a mi mujer que se montara una vez más que iríamos a buscar un hotel y así yo iría a trabajar.

Estuvimos en varios lugares que podían ofrecernos alojamiento pero nos fue imposible encontrar nada, estaban de fiesta y todo está ocupado, no hubo mas remedio y decidí dejar a mi familia en algún restaurante comiendo, mientras yo iba a hablar con la persona de contacto de mi jefe, para que le indicara todo y volver a marcharnos de ese lugar.

Era una oficina ubicada cerca del ayuntamiento del pueblo, la puerta estaba abierta y entre sin llamar, al otro lado de un viejo mostrador, un hombre mayor, con gafas antiguas, dejadas caer en su nariz, levantaba su cabeza para comenzar una más que extraña conversación.

— ¿Quién es usted?.

— Hola, mi nombre es Leo, vengo de parte del señor Víctor Maldonado, me ha indicado que usted comience a organizar todo con respecto a su nuevo hotel que va a construir en el edifico que ha comprado.

    Su jefe no sabe lo que está haciendo—. Se levantó de su silla dándose la vuelta, abriendo un cajón y dándome unas llaves grandes antiguas.

    ¿Ha sido usted informado por el?—. Le pregunte.

    Sí, me mando un mensajero con una carta y todo lo que tenía que organizar, también me dijo que vendría con su familia y sé que en fiestas no hay lugar para quedarse así que entren al convento y quédense en el esta noche, mañana podrán marcharse si es que aun…. —. Cayo mirando al suelo.

— ¿Aun…. que….?

    Nada, que pasen buena noche y cierren bien las puertas, aquí no les gustan mucho que vengan gente forastera.

    Me está usted amena….

— ¡No!…. ¡por Dios!, al contrario, les aconsejo que se vayan y….

— ¿Qué tal señor Alfonso?—. Nos interrumpió un hombre de mediana edad.

    Bien, todo bien, ya le he dado las llaves.

    Me alegro, permítame presentarme—. Me ofreció su mano—. – Mi nombre es Damián y soy el alcalde de Errentia, un pueblo noble y leal a su gente, a su país y a su….

— Pues un placer conocerle—. Solté su mano y salí fuera de esa oficina, mi instinto me decía que algo no iba bien, puse mi mano en mi chaqueta para comprobar que llevaba mi arma reglamentaria y fui detenido por la voz del recién conocido.

    Que pasen buena noche festiva usted y su familia—. Gire mi cabeza para encontrar una de las sonrisas más maléficas que había encontrado en mi vida.

Mientras caminaba hacia el restaurante temía ya no solo por mi vida, sino por la de mi familia, no dejaría que nada les pasara. Llegue y lo más rápido que pude los metí en el coche, mi mujer aun asustada sin saber el por qué no paraba de preguntarme que estaba pasando, yo, no le conteste hasta llegar a la maldita propiedad que había comprado mi jefe.

— Vale, escucharme bien, voy a salir ahora a mirar los alrededores de este edificio y su interior, cariño, cuando salga del coche, cierras todas las puertas y os quedáis aquí dentro hasta que yo vuelva, nos marcharemos de este pueblo.

— ¡Pero Leo…! están de fiestas, tu nos prometiste unas vacaciones, en el restaurante me han dicho de ir a varios lugares para visitar y su….

— Nada, no hagas caso a nada más, haz lo que te he dicho y punto….

No espere su respuesta, quería salir de allí lo más rápido posible, me conocía a la perfección y mis instintos nunca me habían fallado hasta ahora y si mi cuerpo estaba en estas condiciones tan anormales era por que algo no andaba bien con el lugar, la gente o quien sabe que demonio estaba pasando, pero me daba igual, mis emociones me decían que debíamos salir de allí ¡ya….!

Baje del coche cerrando todas las cerraduras por si mi mujer aun dudaba de hacerlo, mis sentidos seguían en alerta de que algo no bueno iba a pasar, solo deseaba cumplir con mi obligación y marcharme.

Mientras más me acercaba al edificio una niebla densa me iba envolviendo, gire mi cabeza para ya no ver mi coche y no tuve más remedio que seguir adelante, di una vuelta rápida al gran edificio antiguo, creo que acabe andando rápido para acabar corriendo por que al entrar por una de las puertas traseras aun mi cuerpo estaba agitado de la rapidez de mis pasos.

El lugar era oscuro y lúgubre, el calor que hacía fuera deje de notarlo para estar sintiendo una frialdad por todo mi cuerpo, me iba de cabeza a pies, me atravesaba el frío por todos los poros de mi cuerpo, todo eso iba sintiendo mientras caminaba de lugar en lugar, de celda en celda pues había sido un convento, observando todo al detalle como quería mi jefe, pase por un gran pasillo ancho y vacío con suelo muy antiguo, algunas baldosas estaban rotas, llegando hasta un patio amplio que por la tierra que había florecido me dio la sensación de que allí hubo un huerto, supongo para las monjas que habitaron en el pasado ese lugar.

Ya lo había visto todo tenía información suficiente para mi jefe, me gire para regresar por mis pasos y al llegar de nuevo al pasillo a lo lejos divise a alguien sentado en una silla.

No tenía forma de mujer, así que mi pensamiento de que pudiera ser mi mujer que me estaba buscando lo descarte rápidamente, no me gustó mucho mi visión pero no tenía más remedio que pasar por allí una vez más si quería salir de ese edificio.

Saque mi arma y sin poner el dedo en el gatillo como me habían enseñado en la academia profesional, camine hacia él mientras bajaba mi brazo y lo escondía detrás de mí.

Al llegar a su altura pude ver que era un hombre mayor, con su rostro muy avejentado por los años transcurridos, la emoción de su cara transmitía tristeza, desamparo, soledad e iba vestido con un uniforme militar, con el terror en mi cuerpo y temblorosas mis manos pregunte.

— ¿Quién es usted?—. El me miro en silencio y recibí por respuesta una pregunta.

— ¿Dónde está Amalia?

— ¿Amalia?, ¿quién es Amalia?

— Mi mujer Amalia, me dijo que vendría y sigo esperando pero no viene.

— ¿Usted vive aquí?—. No sabía que preguntarle a ese hombre con mirada triste, que pocos minutos antes no estaba y ahora lo tenía delante de mí sin ninguna explicación ni lógica posible.

— Sí, claro, pero tú no eres…. —. Su rostro cambio radicalmente, sus ojos se abrieron de par en par, su mirada se transformó en miedo y asustado me pregunto—. — ¿quién son esos que están detrás de usted?

— Detrás de…. —. Me gire rápido para ver como al fondo del pasillo unos 5 o 6 hombres con capuchas negras corrían hacia nosotros—. – Al volver a girar mi cabeza ya no había nadie sentado en esa silla solo escuche una gélida voz cerca de mi oído que me grito.

— ¡Correeeeeee….!

No lo pensé, lo hice sin más, corrí por mi vida y salí de ese edificio como un loco asustado, llegue a mi coche y entre en el, las preguntas de mi mujer me aturdían la cabeza pero no pude contestarlas. Arranque y estuve conduciendo más de una hora hasta que reaccione al ver una imagen en el carril contrario al nuestro de la carretera.

Era mi coche, era mi familia en el suelo tumbada, era mi cuerpo inerte mientras me tapaban con un papel para muertos, gire mi vista al frente resignado aceptando la nueva situación pero sin poder explicarme lo anterior vivido, mire la carretera vacía ante nosotros, ahora la pregunta de mi mujer si la escuche bien.

    Cariño…. ¿A dónde vamos?—. Mire a mis hermosos niños por el retrovisor, les sonreí y ellos respondieron, mire a mi mujer le dediqué la misma sonrisa.

    A casa amor, volvemos a casa para estar siempre juntos

FIN

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