Deshecho

Autor: Raúl Clavero Blázquez. I Premio concurso Cartas que nunca escribiste.

Fue la puerta, fueron tus pasos alejándose despacio y después el cierre de la puerta, el adiós impasible de su chasquido metálico. Fueron mis puños golpeando contra la pared al escuchar el estrépito de un ascensor que baja para siempre. Fue la puerta. Fue, en definitiva, su sonido a madera combada lo que desbarató mi cuerpo en mil pedazos, repartiendo mi sangre, mis huesos y mis palabras por los rincones más insospechados de nuestra casa. Ha sido hoy, por fin, cuando he conseguido recuperar mis dedos, congelados durante semanas en aquella caricia que no te di en la cocina. Por eso no te había escrito aún. Me resultaba muy difícil escribir sin dedos. Me resulta muy difícil hacer muchas cosas desde que te fuiste. Ya no escucho música, por ejemplo. Sospecho que mis orejas se esconden entre Leonard Cohen y Jeff Buckley, pero no me atrevo a abrir ninguno de los discos que compramos juntos para comprobarlo, por si al hacerlo las canciones que compartimos salieran también volando de mi vida hacia donde quiera que tú te encuentres. En la explosión de tu marcha, mis pies quedaron seriamente dañados. Tuve que desincrustarlos del techo, y ahora ya no me sirven para bailar tangos contigo de madrugada, pero me llevan sin rechistar del sofá a la cama y de la cama al sofá. Todos mis cabellos han regresado lentamente a mí, erizados todavía en el recuerdo de nuestro primer beso. Y he convencido a mi nariz para que, unas cuantas horas al día, abandone el frasco de perfume que olvidaste en un cajón de tu mesilla. Estoy mejor, casi completo, y sin embargo algunas de mis piezas siguen a tu lado. Mi corazón puedes quedártelo, sin ti no creo que llegue a darle ningún uso, pero me gustaría que me devolvieras mis ojos. Por eso te escribo, para que les obligues a que vuelvan a mi cara. Te miran a todas horas sin saber que ya no les perteneces, y yo los necesito para dejar de avanzar a ciegas. Los necesito para verme, para lamentarme, para pasearlos lánguidamente por todos los huecos que tu ausencia ha dejado en mí.

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