EL CUENTISTA

Autor: Rusvelt Nivia Castellanos

El joven entró a su habitación. Fue hasta el escritorio que tenía allí; se ubicó en la silla, extrajo de la gaveta varias hojas con un lápiz y se puso a escribir. De repente, fue creando un cuento de esos maravillosos. Según como pensó; erigió a dos personajes con precisión. Les dio forma extraordinaria. Los hizo por medio de alusiones. Ellos parecían ser hombres de verdad. Entre sus voces, por sus tendencias, conversaban tanto así que hasta alcanzaban a exteriorizar sus sentimientos. Eso, claro, al narrador lo impactaba. Se daba cuenta de cómo originaba esta obra universal. Además, intuía la ruptura de la realidad con el plano espacial.

Tras lo fulgurante, fue inventando una tierra de selvas naranjas. Allá siempre había una luz estelar. En medio de la magia, los dos protagonistas subían por una montaña frondosa. Paseaban con la sonrisa en sus caras. Andaban por entre muchos arbustos. A su creación, ambos seres tenían la piel mestiza, sus ojos eran azabaches. Y el uno era calvo mientras el otro tenía el pelo encrespado. Esto fue lo que quiso el escritor, quien fue poético con sus descripciones. Hacia lo seguido, los dos viajeros se adentraron en una gruta de esmeraldas. Cruzaron la entrada penumbrosa. Avanzaron por entre las rocas. Más juntos, pasaron por un estrecho donde había múltiples cigarras. Las contemplaron durante unos instantes. A ellos este milagro natural los esperanzó, los puso a fantasear. Allí estuvieron efusivos. El mismo paisaje los refrescó. Para lo otro preferido, las dejaron a ellas atrás con sus vuelos, con sus cantos. Y de nuevo, los dos emprendieron rumbo a su destino.

 Bien, ellos llegaron en poco tiempo a un pozo de aguas azules. Pronto, se metieron al fondo de ese hueco como si fueran experimentados. Felices, se consumieron en lo lucífero y nadaron hasta ir a lo desconocido. Cadenciosamente, recorrieron varios bosques de algas, vieron distintas ruinas de barcos y una vez allá en lo inhóspito, ambos seres se purificaron, fueron perfectos.

 

En cuanto al literato; antes del fin, se liberó.

Rusvelt Nivia Castellanos

Cuentista de Colombia

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