Herman Hesse. 141 años de un escritor imprescindible. Algunas frases

Herman Hesse fue escritor, poeta, novelista y pintor, y se convirtió en uno de los autores más relevantes y leídos del siglo XX. Nació alemán un día como hoy de 1877, pero se nacionalizó suizo en 1924. Escribió títulos tan significativos como Siddartha o El lobo estepario. Pero yo me quedo con Bajo las ruedas, una de sus primeras obras y lectura de mi adolescencia que he releído más de una vez. Repaso sus obras con una selección de frases.

Herman Hesse

Sus viajes a la India en diversas ocasiones, donde su padre era misionero, fueron decisivos para que la cultura oriental influyera en su obra de manera decisiva, sobre todo en una de las más importantes y leídas, seguramente la más famosa, Siddartha.

Trabajó como librero mientras se dedicaba a escribir. Demian, publicada en 1919, fue su primer éxito. Y en él se ve uno de sus temas recurrentes: el desarrollo de la individualidad propia y su rebelión frente a las convenciones sociales.

Cuando condenó la participación de Alemania en la I Guerra Mundial, Hesse decidió exiliarse a Suiza y allí escribió su obra posiblemente más influyente: El lobo estepario. Le concedieron el Premio Nobel de literatura en 1946.

Obras y frases

Peter Camezind (1904)

  • Pese a todo seguía viendo en sueños una meta, una dicha, una mayor perfección delante de mí.
  • Aún hoy sé que en el mundo no hay nada más delicioso que una amistad leal y verdadera entre hombres.
  • De nuevo tuve la convicción de que yo no estaba hecho para la vida hogareña y reposada entre los hombres.
  • Acaso fuera mi sino ser durante toda mi vida un extraño para aquella sociedad a la que pertenecía.
  • Dos semanas después se ahogó bañándose en un pequeño río.
  • He caminado tras muchos sueños, de los cuales ninguno se ha hecho realidad.

Demian (1919)

  • La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero.
  • Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros.
  • Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros.
  • Todos llevan consigo, hasta el fin, viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial.
  • Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros, cada uno como puede.

Siddharta (1922)

  • Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.
  • Qué bueno es probar por sí mismo lo que hay que saber, vivirlo en carne propia, no saberlo sólo con la memoria, saberlo con mis ojos, con mi corazón, con mi estómago.
  • No tengo derecho a juzgar la vida de los otros. Sólo debo juzgarme a mí mismo y elegir o rechazar en función de mi persona.
  • La sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un sabio intenta comunicar a otros suena siempre a locura.
  • Esa sonrisa, perenne, tranquila, fina, impenetrable, quizá bondadosa, burlona acaso, sabia, múltiple, … así sonríen los seres perfectos.
  • Nunca un hombre es totalmente santo o pecador.
  • Respiró un instante, y por un momento sintió frío y se estremeció. No había ser más solo que él.

El lobo estepario (1927)

  • También lo tentó el suicidio cuando era todavía un niño.
  • Estos inmortales no dieron la espalda a la vida si no que construyeron mundos admirables mediante una sublimación amorosa de las menudencias que, también, componen la existencia.
  • Él había pensado más que otros hombres, poseía en asuntos de espíritu una serena objetividad.
  • Aquella mirada llegaba al corazón de toda la humanidad.
  • Haller era un genio del sufrimiento.
  • Hay que estar orgulloso del dolor; todo es un recuerdo de nuestra condición elevada.
  • La mayor parte de los hombres no quiere nadar antes de saber.
  • El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca el placer, en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia.

Bajo las ruedas (1906)

Sí, me quedo con esta obra. Quizás porque la leí en una edad parecida a la del protagonista de este libro, mucho más sencillo y fácil de leer que Siddartha o El lobo estepario, por ejemplo. O quizás porque fue de los primeros que me tocó profundamente el corazón.

Nos cuenta la vida de Hans Giebenrath, un muchacho muy inteligente y despierto. Las circunstancias que lo rodean como la férrea autoridad de su padre y profesores serán fundamentales para esa falta de libertad para hacer lo que quiere y tomar las riendas de su vida. Tan decisivas que llevarán a la destrucción total de su magnífica y muy superior personalidad.

Te quedas con la feroz crítica que Hesse hace contra la opresión social que ahoga esas personalidades geniales. A veces es el entorno, pero muchas veces más es por culpa de las envidias y las incapacidades de personalidades más débiles alrededor. Es una denuncia, un manifiesto a favor de la inteligencia y la vida en sí misma como proyecto personal y único de cada uno.

  • Pero también había vivido aquellas pocas horas que para él significaban más que todas las alegrías perdidas de la niñez, horas llenas de ambición y entusiasmo y ganas de vencer, en las que se había deseado y soñado en un círculo de seres superiores.
  • Sería uno más entre aquella gente vulgar y pobretona a la que despreciaba y a la que quería superar decididamente.
  • Si lo hubiera sabido habría podido ser el primero con toda facilidad.
  • Los demás estaban muy por debajo de él. Había alcanzado su premio merecido.
  • Tan sólo le atormentaba la idea de no haber alcanzado el número uno en el examen.
  • Le parecía que él mismo era recibido en esta hora en el círculo de los que buscan la verdad.
  • Protegidos contra el nefasto espectáculo de la vida mundana.
  • Toda posesión espiritual no representaba más que un valor relativo.
  • A nadie se le había ocurrido pensar que el colegio y la bárbara ambición de un padre y unos profesores habían llevado a tal situación a un ser tan frágil.

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