La leyenda del bosque perfecto

Cuento ganador del I concurso de cuentos infantiles.

Autor: Carlos Alberto González

Pandora era una niña normal. Le gustaba leer, dibujar, a ratitos estudiar, reír con sus amigas…, pero, sobre todo, le encantaba visitar a sus abuelos en la casita de campo donde vivían, a unos pocos kilómetros de la ciudad. Esperaba impaciente el momento en el que la gran mano rugosa de su abuelo Pascual cogía delicadamente su pequeña manita y, a pequeños pasos, comenzaban a pasear por el inmenso campo que rodeaba aquella casa.

Fue una mañana primaveral cuando Pandora descubrió, entre un sinfín de matorrales, un viejo y angosto tronco marchito completamente hueco. Pandora, al buscar con su mirada el interior del tronco, observó que aquella oquedad no tenía fin.

—Yayo, ¿por qué este tronco no tiene ramas? —preguntó curiosa la niña.

—Ay mi niña —contestó con tono apesadumbrado el abuelo—. Este tronco lleva ahí muchísimo tiempo. Ya estaba cuando yo era niño y paseaba con mi abuelo, como tú ahora conmigo. Y según parece, ya estaba aquí desde mucho antes. No tiene ramas porque está muerto.

—¿Y por qué está tan hueco? ¿No puedo ver lo que hay dentro? Yayo, ¿por qué te pones tan triste? —preguntó Pandora al observar los ojos cristalinos del abuelo Pascual.

—No me pongo triste, Pandora —intentó tranquilizarla el abuelo—, pero me emociono al recordar lo que mi yayo, tu bisabuelo, me contó. —Entonces le contó la historia del bosque perfecto—. Cuenta una leyenda que este tronco no está realmente muerto. Ni vacío. Cuentan que es el refugio de los duendes que vivieron hace muchísimo tiempo en un precioso bosque que ocupaba este mismo lugar.

»Era un bosque hermoso, repleto de árboles, plantas y flores de todos los colores, riachuelos de agua fresca, animales que correteaban por la alfombra de las hojas de los árboles, aves que cantaban dulces melodías que henchían de felicidad todo el bosque.

»Un día, unos humanos entraron al bosque y se quedaron maravillados con su esplendor. ¿Nos dais un poco de agua? Tenemos sed y vosotros tenéis agua fresca y limpia de sobra, les preguntaron a las ninfas, protectoras de los ríos. Tomad el agua que necesitéis, amigos, pero recordad que el agua es del bosque, y al bosque la tendréis que devolver.

»Más tarde, volvieron los humanos al bosque y hablaron con otras bellas criaturas: Hermosas hadas. ¿Podéis darnos frutos de aquellos árboles tan robustos para que puedan comer nuestras familias?. Coged los frutos que necesitéis, pero recordad que son del bosque, y al bosque los tendréis que devolver.

»Llegó el invierno, y los humanos regresaron para hablar con los duendes y los gnomos: Amigos gnomos, ¿podéis darnos troncos y ramas para poder calentar a nuestras familias?. Coged todas las ramas y troncos que queráis, pero recordad que son del bosque, y al bosque los tendréis que devolver.

»Pasó tiempo, y otros grupos de humanos acudían al bosque a recoger frutas, maderas, agua… sin prestar atención a la advertencia de los mágicos seres del bosque cuando les prestaban algo.

»Llegó un día en el que un grupo de humanos habló con Gaia, la reina y protectora de todo el bosque y de la Tierra: Gaia, no queremos estar entrando y pidiéndote cada vez que necesitamos algo. Queremos plantar nuestros frutos, tener nuestra agua, criar en nuestras granjas. Necesitamos una parte del bosque para poder hacerlo. Gaia, triste y compungida al comprobar que su generosidad era superada por la ambición humana, contestó: Podéis cortar todos los árboles que necesitéis, pero recordad que esos árboles son del bosque, y al bosque los tendréis que devolver.

»Así es la generosidad de Gaia y de la Tierra. A pesar de ello, el bosque, como ves, desapareció».

Pandora quedó boquiabierta con todo lo que le había contado el abuelo, y no comprendía cómo pudo Gaia permitir que los humanos arrasaran su bosque.

—La concepción del tiempo es diferente para Gaia y sus criaturas que para nosotros. Ellos son eternos. Nosotros, los humanos, somos los castigados al no poder disfrutar ya de los recursos del bosque, al exprimirlos hasta agotarlos. Duendes, gnomos, elfos y demás criaturas esperan dentro de este hueco a que nosotros desaparezcamos, y poder construir un nuevo bosque. Un bosque perfecto.

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