Recordando a Herman Melville. 20 grandes frases de sus obras

Herman Melville cumple hoy 199 años. Y su bicentenario el año que viene promete ser una celebración a lo grande. Este escritor norteamericano, considerado uno de los grandes de la literatura universal, sin duda es referente fundamental de la novela de aventuras, sobre todo las desarrolladas en el mar, con un fuerte e intenso componente psicológico.

Hoy traigo 20 frases seleccionadas de sus obras más prominentes. Para quienes amamos los libros del género y todo lo que huela a mar, barcos y grandes epopeyas, el autor de la inmortal ballena blanca Moby Dick es un indispensable.

Quién fue Herman Melville

Con una vida tan intensa como sus novelas, Melville nació en Nueva York y fue el tercero de ocho hijos. Cuando su padre falleció, Allan Melville, la familia quedó en grandes apuros económicos. Así, en 1837 cruzó el océano hasta Liverpool donde estuvo trabajando. A su regreso ejerció como profesor y en 1841, con 22 años, viajó a los Mares del Sur a bordo de un ballenero.

Después de año y medio de travesía abandonó el barco en las islas Marquesas y vivió un mes entre caníbales, de los que escapó en un mercante australiano para desembarcar en Tahití, donde estuvo algún tiempo en prisión. También trabajó como agricultor, viajó a Honolulú y desde allí, terminó enrolándose en una fragata de la Marina estadounidense.

En 1844 dejó de navegar y se dedicó a escribir novelas a tiempo completo y normalmente basadas en sus experiencias en el mar. Fueron títulos como Typee, Mardi o Redburn, entre otros. O como Billy Budd, el marinero, un último trabajo publicado cuando Melville casi había caído ya en el olvido. Otros títulos fueron Pierre, un gran fracaso, y Cuentos del mirador, que contiene el relato de Bartleby el escribiente.

Su novela más famosa fue Moby Dick, publicada en 1850, pero fue rechazada en un principio. Luego se convertía en una de las grandes obras de la literatura universal, por el retrato y la metáfora del mundo y la naturaleza humana en un barco, el Pequod, capitaneado por uno de los más grandes personajes creados, el capitán Ahab. Se la dedicó a Nathaniel Hawthorne, un autor que le influyó mucho también y con quien trabó amistad en 1850.

20 frases de sus obras

Typee (1846)

  1. ¡Pobre barco! Su propia apariencia refleja sus deseos; ¡En qué deplorables condiciones se encuentra!
  2. Las montañas y el interior presentan a la vista sólo parajes aislados y silenciosos, desprovistos de rugidos de animales de presa y animados por escasas muestras de pequeños seres.
  3. Nuestro barco se había rendido a toda especie de juergas y perversiones. No se interpuso la más tenue barrera entre las profanas pasiones de la tripulación y el ilimitado placer de ellas.
  4. Pero estas reflexiones rara vez ocuparon mi mente; me abandonaba al paso de las horas y, si alguna vez me embargaban pensamientos desagradables, los desechaba rápidamente. Cuando admiraba el verde recinto en que me hallaba prisionero, me inclinaba a pensar que estaba en un “valle de ensueños” y que más allá de las montañas sólo había un mundo de ansiedad y preocupaciones.
  5. En busca de la ballena habíamos estado navegando por el Ecuador a unos veinte grados al oeste de las Galápagos; y toda nuestra faena, después de determinado nuestro derrotero, fue ajustar las vergas y mantenernos a favor del viento: el buen barco y la constante brisa harían el resto.

Moby Dick (1851)

  1. Pueden ustedes llamarme Ismael.
  2. La locura humana es a menudo una cosa astuta y felina. Cuando se piensa que ha huido, quizá no ha hecho sino transfigurarse en alguna forma silenciosa y más sutil.
  3. Por alguna curiosa fatalidad, así como se nota a menudo de los filibusteros de ciudad que siempre acampan en torno a los palacios de justicia, igualmente, caballeros, los pecadores suelen abundar en las cercanías más sagradas.
  4. No está en ningún mapa. Los lugares verdaderos nunca lo están.
  5. La futura estela del animal a través de la tiniebla está casi tan establecida para la sagaz mente del cazador como la costa para el piloto. De modo que era esta prodigiosa habilidad del cazador, la proverbial fugacidad de una cosa escrita en el agua, una estela, es tan de fiar, a todos los efectos deseados, como la tierra firme.

Bartleby, el escribiente (1853)

  1. Debo decir que, según la costumbre de muchos hombres de ley con oficinas en edificios densamente habitados, la puerta tenía varias llaves.
  2. Ah, la felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe.
  3. Pero parecía solo, absolutamente solo en el universo. Algo como un despojo en mitad del océano Atlántico.
  4. Yo podía dar una limosna a su cuerpo; pero su cuerpo no le dolía; tenía el alma enferma, y yo no podía llegar a su alma.
  5. No es raro que el hombre a quien contradicen de una manera insólita e irrazonable bruscamente descrea de su convicción más elemental. Empieza a vislumbrar vagamente que, por extraordinario que parezca, toda la justicia y toda la razón están del otro lado; si hay testigos imparciales, se vuelve a ellos para que de algún modo lo refuercen.

Billy Budd, el marinero (1924)

  1. La verdad contada de modo inflexible tendrá siempre sus lados escabrosos.
  2. En realidad, él era uno de esos lobos de mar a quienes las penalidades y peligros de la vida naval, en esa época de prolongadas guerras, nunca le habían estropeado el instinto natural para el goce de los sentidos.
  3. Este capitán era uno de esos valiosos mortales que se encuentran en todo tipo de profesiones, aun en las más humildes; esa clase de persona a la cual todo el mundo está de acuerdo en llamar “un hombre respetable”.
  4. Cuando se declara la guerra ¿Se nos consulta previamente a nosotros, los combatientes encargados de ella? Luchamos cumpliendo órdenes. Si nuestro juicio aprueba la guerra, es mera coincidencia.
  5. ¿Quién en el arco iris puede trazar la línea donde termina el violeta y comienza el anaranjado? Vemos claramente la diferencia de colores, pero ¿Dónde, exactamente, se confunde el primero con el segundo? Lo mismo sucede con la salud mental y la locura.

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Source: Actualidad literaria

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