“Tractatus Logico-Philosophicus”. Lo que los escritores podemos aprender de Wittgenstein. (I)

Me fascina el Tractatus Logico-Philosophicus del matemático, filósofo, lógico y lingüista Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, 26 de abril de 1889 – Cambridge, 29 de abril de 1951). Siempre que leo este breve, pero complejo (y a la vez simple, por preciso) ensayo descubro algún nuevo detalle, algo que me hace pensar. No sería exagerado decir que revolucionó mi forma de ver el mundo, y aún lo sigue haciendo. Si bien este cambio fue una iniciativa propia pues, como dijo el propio Wittgenstein, «revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo.» Después de todo, el ser humano, como ente racional, tiene el poder para transformar su forma de percibir el mundo, y como consecuencia a sí mismo. El estancamiento es sinónimo de muerte.

Aunque tenía muchas ganas de hablar de este libro, nunca encontré el momento, ni el enfoque adecuado para hacerlo. Al fin y al cabo, se han vertido ríos de tinta sobre el Tractatus Logico-Philosophicus. El mismo Bertrand Russell, del que era discípulo Wittgenstein, ya analizó su ensayo mucho mejor de lo que nunca lo podré hacer yo. Así que, ¿de verdad tenía algo que aportar? Tras darle muchas vueltas, llegué a la conclusión de que era muy posible. Desde luego, mis opiniones no serán las más eruditas, pero sí apasionadas, y desde un punto de vista literario. Dicho esto, voy a comentar distintos aforismo y enunciados que me resultan interesantes, y os hablaré un poco de lo que los escritores podemos aprender de Ludwig Wittgenstein y de su Tractatus Logico-Philosophicus.

Ser preciso, ser certero

PRÓLOGO. Todo aquello que puede ser dicho, puede decirse con claridad; y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse.

El comienzo del libro ya es toda una declaración de intenciones. Muchas veces, los escritores no encontramos las palabras adecuadas, y pensamos que es imposible describir cierta situación, o a cierto personaje. Wittgenstein nos enseña que esto no es así. Si es humanamente entendible, es humanamente explicable, y además de forma correcta. Por otra parte, si algo es tan abstracto (y con esto quiero decir que está fuera del ámbito de conocimiento humano) como para que no existan palabras para describirlo, significa que no merece la pena que nos esforcemos.

2.0121 Lo mismo que no nos es posible pensar objetos espaciales fuera del espacio y objetos temporales fuera del tiempo, así no podemos pensar ningún objeto fuera de la posibilidad de su conexión con otros.

Por mucho que el protagonista de nuestra historia sea una persona encerrada en su propio mundo, debemos entender que no está solo. Las conexiones, las relaciones, son muy importantes en literatura. E incluso en el hipotético caso de que quisiéramos reflejar en nuestra obra la alienación de un individuo en su entorno social, esto también es un tipo de relación, un tipo de conexión que debemos definir claramente, y explicar a nuestros lectores.

Ficción y realidad

2.022 Es claro que por muy diferente del real que se imagine un mundo debe tener algo —una forma— en común con el mundo real.

Escribir un libro es jugar a ser dios. La creación conlleva responsabilidades, y una de las más importantes es la verosimilitud. Aunque nuestra obra sea una space opera situada en el año 6.000 d.C., siempre tendrá que tener algo en común con nuestro mundo, que permita al lector identificarse con los personajes y con los hechos que describimos. Esto no significa que debamos cortarle las alas a nuestra imaginación; aunque en realidad ya es limitada de por sí, pues sólo podemos imaginar a partir de lo que conocemos, reescribiendo la realidad.

3.031 Se ha dicho alguna vez que Dios pudo crear todo salvo lo que fuese contrario a las leyes de la lógica. La verdad es que nosotros no somos capaces de decir qué aspecto tendría un mundo ilógico.

Como autores, debemos respetar en todo momento las leyes de nuestra creación. Incluso en el caso de una novela de fantasía, estas leyes existen, y es nuestra responsabilidad delimitar claramente qué es posible, y qué imposible. Un mago no puede volar en el capítulo tres, y ser incapaz de hacerlo en el cuarto sin una explicación lógica, o por lo menos satisfactoria para el lector.

La segunda parte de este artículo sobre Wittgenstein se publicará mañana en Actualidad Literatura.

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Source: Actualidad literaria

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